Transición, saturación e incertidumbre, ¿cuál es el futuro del reporting en sostenibilidad?

En los últimos años, el reporting en sostenibilidad ha dejado de ser una opción para convertirse en una obligación estratégica para las empresas. Avanza hacia una era regulada donde los informes ESG  ya no son solo un complemento voluntario, sino que forman parte esencial de la manera en que las entidades operan, comunican y generan impacto a largo plazo. Ya en 2014, la Directiva de Información No Financiera (NFRD) marcó un punto de inflexión para las empresas europeas: comenzaron los requisitos de transparencia en materia no financiera. Sin embargo, el nacimiento de nuevas normativas, la reestructuración de otras y las recomendaciones de los expertos generan cierta incertidumbre e, incluso, saturación de información. 

Es por ello que aquí te dejamos un resumen de los últimos avances y próximos pasos para que afrontes este último cuatrimestre con lo último sobre reporting.

La CSRD en España

En enero de 2023 entró en vigor la CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive), con exigencias mayores: pequeñas y medianas empresas abarcadas, petición de datos más profundos, mayor calidad y comparabilidad. 

En España, la aplicación de la CSRD está avanzando mediante la Ley de Información Empresarial sobre Sostenibilidad (LIES). Aunque es cierto que el proyecto de ley se aprobó en el Consejo de Ministros en octubre de 2024, aún está en tramitación parlamentaria.  Mientras tanto, la CNMV e ICAC ya recomiendan que las grandes empresas de interés público con más de 500 empleados reporten en 2025 conforme a la CSRD y a los Estándares Europeos de Información en Sostenibilidad (ESRS) para alinearse con los nuevos requisitos. 

El cambio normativo: paquete Ómnibus

Recientemente, el paquete Ómnibus ha introducido ajustes importantes para facilitar la transición al nuevo paradigma de reporting. Plantea una serie de medidas que aportan más tiempo y flexibilidad para adaptarse a los nuevos estándares, además de atender las preocupaciones de las empresas sobre la dificultad y coste del cumplimiento de las nuevas regulaciones. En concreto, persigue: 

  • Revisión de los umbrales de aplicación; por ejemplo, algunas pymes cotizadas quedan excluidas, y se eleva el umbral de las empresas europeas y no europeas sujetas a la norma. 
  • Aplazamiento de dos años en la entrada en vigor de obligaciones para ciertas empresas, para evitar cargas innecesarias.
  • Mantenimiento de la verificación limitada, descartándose por ahora la verificación razonable como requisito obligatorio. 
  • Más margen para reportar de forma gradual los aspectos de la cadena de valor, sobre todo cuando involucran proveedores o entidades que no están obligadas.
  • Simplificar los ESRS, priorizando los datos cuantitativos, reduciendo los “data points” y aclarando requisitos que resultaban ambiguos. 

Este paquete fue aprobado en febrero y, actualmente, el Parlamento Europeo y al Consejo están estudiando su consideración y adopción. Los cambios entrarán en vigor una vez que los colegisladores alcancen un acuerdo y tras su publicación en el Diario Oficial de la UE.

Tendencias que marcarán el futuro

Según el análisis del Pacto Mundial de la ONU (España), estas son las cinco tendencias que van a definir hacia dónde va el reporting en sostenibilidad:

  1. Verificación externa: Las empresas deberán garantizar que la información ESG reportada sea verdadera, fiable y verificable. Esto implica auditorías, participación de stakeholders y evaluación independiente. 
  2. Integración de la sostenibilidad en los informes financieros: La doble materialidad va a jugar un papel central: no sólo cómo los riesgos y oportunidades ESG impactan los estados financieros, sino también cómo las actividades de la empresa afectan al medio ambiente y la sociedad. La distinción entre “financiero” y “no financiero” cada vez más desaparece. 
  3. Estandarización y simplificación para mejorar la comparabilidad: Reducir la complejidad, los datos excesivos, y hacer que los informes sean comprensibles. Los estándares europeos (ESRS) se están ajustando en ese sentido. 
  4. Reporte de la cadena de valor: más allá de las operaciones propias. Aunque el paquete Ómnibus aligera algunas obligaciones en cuanto a la cadena de valor, informar sobre los impactos asociados a proveedores sigue siendo crucial. La sostenibilidad ya no se limita a lo que hace internamente la organización, sino también a lo que sucede antes y después de que intervenga.
  5. Digitalización y nuevas tecnologías para recopilar datos: inteligencia artificial generativa, big data, blockchain, automatización. Estas tecnologías facilitan la recolección y validación de datos, permiten análisis en tiempo real, mejoran precisión, eficiencia, transparencia. 

El reporting en sostenibilidad ya no es una opción ni un ejercicio de buena voluntad: es una exigencia normativa y una herramienta estratégica. Las empresas que adopten tempranamente las tendencias que se vislumbran —verificación externa rigurosa, integración con lo financiero, uso de tecnologías, reporte amplio hasta la cadena de valor, estandarización— estarán mejor posicionadas en el mercado, generarán más confianza y construirán valor duradero.

El reto está en cómo realizar la transición: equilibrando exigencia y flexibilidad, apoyando especialmente a las pymes, asegurando datos de calidad, fomentando colaboración a lo largo de las cadenas de suministro, y aprovechando las tecnologías para hacer los reportes no sólo obligatorios, sino útiles.

Si tu empresa aún está perdida en materia de reporting, contáctanos y te ayudaremos a implementar todas las novedades.

Fuente: Y, ahora, ¿cuál es el futuro del reporting en sostenibilidad? · Pacto Mundial

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